Descubriendo a Narciso… De sentimientos y anhelos

Existen flores, y están “las flores”. En realidad, dicho así, se lee demasiado contundente, insensible… Poco empático con esas florecillas que, en muchas ocasiones, nos regalan escenas llenas de color, de sensibilidad y de emoción.
No, esa no es la idea…
Al pensar en “las flores” mi corazón palpita por aquellas que aparecen bajo tus rodillas tan altivas y soberanas, que te hacen caer a sus “raices” y mantener con ellas una conversación donde terminas por mostrarte humilde, observadora y deseosa de ser digna de atrapar su belleza y, transmitirla con toda su intensidad al mundo. Esas pequeñas heroínas que, resistiendo al frío, a los atropellos de una fauna trotamundos, al viento impulsivo que vuela con total ansia de velocidad, como para demostrar que a rápido no hay quien lo gane, te eligen seguras de si para que las hagas especiales y difundas su especial esencia a los cuatro vientos.
Y Narciso,  ese personaje de tremenda belleza, enamorado de si mismo, brinda gran homenaje a una flor perfecta, luminosa, ágil… y valerosa. Pero… Cuando un narciso me hizo arrodillar, me explico sus anhelos, que ahora os cuento.

-“Poeticus” es mi segundo nombre, sabes?”- Me dijo, muy ufano pero a la vez con una vocecilla de extrema sensibilidad… Angelical diría yo.

-“A si?– respondí. -“Eres bello, y tu belleza sola es ya poesía“- añadí.

Él se agitó ayudado por el viento, pleno, orgulloso, pero de repente languideció. Se curvó como a punto de desmoronarse, aunque enseguida recuperó su porte majestuoso. Entonces su campanilleante voz me confesó que su alma sentía en color, vibraba en mezclas combinadas con habilidad impresionista, y que su vida alcanzaría su propósito si fuera pintado por Monet, su inspiración y referente.

-“Narcisus“- le susurré con toda la delicadeza de la que fui capaz… –Monet está por ahora inalcanzable, pero no necesitas ser pintado de manera especial, pues tu belleza destaca sola, sin adornos, sin ayuda… Sin maestro.- Esperaba que mis palabras le llenaran de alegría, pero volvió a agitarse a ritmo de ese viento que, muy curioso no dejaba de escuchar…

-“No es para ser más bello amiga!“- me respondió. -“Es esa fusión de colores, de elementos… Quiero formar parte de toda esa belleza, brillar en grupo, ser, como Los Girasoles de Van Gohg, homenajeado, inmortalizado, y sobretodo sentir la pasión de sentimientos que desprenden los lienzos repletos de colores, de formas dulces, de elementos que viven provocando miradas llenas de amor y admiración…

Me dejó pensativa. No supe que responder. Cómo una flor tan bella quería ir más allá! Sería que el nombre que la representaba la hacía tener esa sensibilidad y anhelo de belleza y reconocimiento, aún sabiéndose hermosa entre las bellas?

Le enseñé mi cámara. Le pregunté si me dejaba atrapar su esencia en mi sensor, y si me permitía mostrarlo al mundo.

-“Yo no soy Monet”– le añadí -“Pero tus lineas suaves, tus colores vivos y minimalistas me tienen tan fascinada como al pintor sus modelos”…– Se balanceó indicándome, con esa coquetería propia del que se sabe guapo entre guapos, que podía empezar…

impresionista

Y se dice que…

“Quien de veras desea
de veras sueña.”
“Quien de veras ama
de veras vive.”
“Quien de veras cree
de veras recibe.”

Montseny 2016

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