Cáliz… de Vida

 

Una de las actividades más saludables que existen es pasear por espacios naturales y vivirlos. Esto último es importante porque ahí está la clave. A veces uno pasea por un bosque, una playa, un campo, y no se integra… No ve, no escucha, no huele.
Sin embargo todo es cuestión de ser consciente y hacer que nuestra mente deje de gobernar y el corazón guíe nuestro tiempo y nuestra alma. Es sencillo, solo es cuestión de abrir la mirada y los sentidos y fluir con la vida. Por eso la Naturaleza es la gran aliada, ya que ella es simplemente VIDA.

Cuando caminas por senderos, y especialmente en primavera, todo lo que te rodea está lleno de vida y de mensajes. En la sociedad actual ir al «coach» está de moda. Se piden citas, se corre porque el tiempo es oro, se ahorra para pagar la consulta, etc… Pocas veces se piensa que adentrarse en un bosque, campo, acantilado, etc… con uno mismo, sea la mejor terapia que uno pueda regalarse. Todos los sentidos se activan. Se respira mejor, la vista descansa, los sonidos son regalos para tímpanos acribillados a cláxones, gritos y motores… Y luego están los otros seres vivos que te rodean, animales o vegetales, tanto da, que interactúan con nosotros aunque no lo percibamos si no estamos conectados.
La Naturaleza es pues, un verdadero «cáliz de vida» que te explica, bajito pero claro, como vivir mejor. No siempre te das cuenta que te sugiere, como te guía, aunque siempre puedes notar como te sientes mejor tras disfrutar un tiempo en su espacio. Quien pinta llega a conectar de una manera profunda, quien escribe bajo un árbol, o tumbado sobre la hierba o la arena también se impregna de la energía del lugar. Los fotógrafos también gozamos de ese privilegio que nos facilita integrarnos en el lugar. Cuando realizas una fotografía, cuando amas lo que ves, se cumple la célebre frase de C.Bresson «Cabeza-ojo-y corazón en un mismo eje». En ese momento la conexión es total, y hasta mágica. Entiendes mejor lo que observas, lo que de algún modo los seres del lugar te comunican. Ellos son sabios, porque viven el tiempo como toca, porque siempre han mantenido su esencia intacta.

Yo estaba por unos campos paseando, huyendo del ruido urbano, con un amigo y nuestros perros. Me llamaban pequeños detalles la atención y me arrodillaba para tomar fotos, solo por el hecho de su belleza. Llegué a una amapola. Una de las flores que más me gustan por su alegría, generosidad y fragilidad. Aún siendo sumamente frágil Ella se mantiene, primavera tras primavera, ahí, en el campo de batalla, alegrándonos la vista, bailando la melodía de la luminosa estación y jugando con nuestra paciencia y capacidad fotográfica. Recuperamos esa capacidad del aquí y ahora y nos centramos en el momento gracias a su insistente cimbreo, temblor, y , también, porque nos permite ver a sus vecinos de baile para pensar que vemos de verdad. Fue entonces cuando noté que algo más ocurría. Pero el instante era ya y sin más, enfoqué, dejé de respirar rezando para que el viento, en esta ocasión, también hiciera lo suyo, y atrapé esa delicia roja en su hogar y con su… acompañante. Me fui contenta, relajada, paseando y conversando con mi amigo. Al llegar a casa siempre quieres descargar tu «cosecha», sigues pensando en que habrás traído en esa tarjeta… Empieza entonces esa segunda parte, que yo creo es el segundo regalo: Disfrutar tu mirada, ver de nuevo pero con otros ojos… Ver desde fuera sintiendo lo ya vivido. Y… muchas veces llega el tercer regalo «el mensaje».
A veces la vida te hace sentir pequeño, perdido, sin tener clara la dirección a seguir ni porqué! Eso creo que le pasa a todo ser humano a lo largo de su vida. Lo importante es que eso, precisamente eso que tantas angustias provocan, es el guiño que te da la Vida para avanzar, para elegir, para descubrir y vivir con más intensidad. Las amapolas te lo cuentan juntas al bailar ante ti… Te susurran como ellas no temen su fragilidad, pues todo es frágil y efímero… Ellas te dicen sin embargo, que disfrutan mucho el momento y por eso son tan bellas y libres. Cumplen su propósito. Más allá de eso, te encuentras, como en este caso una bella damisela aislada, aunque no tanto. Y te atrapa a su lado. Hasta te arrodillas en su presencia. Un verdadero «Caliz de Vida« y a su lado un joven capullo algo desorientado. Cuando revelo la fotografía veo más. Al menos tal y como yo viví el momento. Esa frágil flor es un ejemplo a seguir. Brilla por su valentía, su generosidad. Se viste de rojo para mover la pasión del mundo, pero la pasión que nace del corazón, que es la buena, la innata. Es ese referente que todo ser vivo necesita a veces para no desalentarse, para saber que puede. El capullo también es un cáliz de vida, aunque aún no lo sabe. Pero si alinea su esencia con su referente, aún siendo otro y seguramente diferente, será Él y a su vez será otro Cáliz de Vida para otro más en el acto más maravilloso del planeta: Dar y recibir.

Lo importante es aprender a ver, rodearse de seres que nos inspiren, que pulvericen con sus imputs nuestra alma para que, encontremos nuestro propósito, disfrutemos viviéndolo y nos convirtamos en seres valientes, alegres y generosos como las amapolas.

Buenos días Mundo…. Vivamos hoy com amapolas, seamos cálices de vida para quien nos necesite, y no perdamos de vista el que nos inspira…

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